Relatos de Campañas: Emboscadas

Verónica se deslizó como una sombra por los muros derruidos próximos al edificio donde se encontraba su objetivo. Era una misión peligrosa, pero sus compañeros eran poderosos. Saltó sobre una pared e hizo una señal. A lo lejos vio dos figuras moverse con rapidez hacia ella.

El ataque fue rápido como un relámpago. 

Su enemigo, un hombre de cuerpo alargado y con los ojos tapados, se abalanzó sobre ella. Verónica apenas tuvo tiempo de saltar hacia atrás. Sus reflejos le habían salvado la vida, pero había recibido un fuerte golpe en el brazo.
A pocos metros detrás de ella pudo oír el silbido del proyectil lanzado por Cordelia. Intentó seguir la trayectoria y vió como una chiquilla vestida de blanco escapaba, casi de milagro, de ser alcanzada.

Más lejos, a su derecha, escuchó el grito de un hombre al ser atravesado por la espada de una sombra roja.
«Maldita sea, es una emboscada». Verónica volvió a esquivar el ataque de su silencioso oponente y esta vez le respondió hundiendo una de sus dagas en su pierna. 

El inquisidor soltó un gruñido y se separó de ella. Verónica aprovechó el respiro para evaluar la situación. A su alrededor se habían iniciado diferentes batallas. Por un lado, los guardaespaldas de la sacerdotisa habían salido del edificio y les estaban atacando tanto a ellos como al otro grupo de agentes que había aparecido. La ladrona pudo distinguir a lo lejos a un hombre vestido con ropas negras. 

«El mismo asesino de la otra vez», pensó. «Han venido a vengarse». De repente escuchó un siseo y vio como su enemigo estaba sobre ella, a punto de golpearla. Un rayo oscuro le salvó la vida. Rayne apareció con su guadaña y paró el golpe mortal del inquisidor. Después hizo girar su arma por encima de su espalda y lanzó una estocada que rasgó todo el costado del hombre.

– Me has salvado la vida, capitana. – Dijo la ladrona.
– No pierdas la concentración Verónica. Hemos de acabar con este lo antes posible.

El inquisidor estaba muy herido, pero una luz blanca le rodeó elevándolo en el aire. Cuando el círculo de poder desapareció, Damien estaba completamente curado de sus heridas y volvía a lanzarse al ataque con fuerzas renovadas. Rayne se puso en posición defensiva y Verónica alzó sus dos dagas. A lo lejos, Cordelia seguía disparando a discreción.

-¡Aguantad chicas! – gritó Rayne mientras movía su guadaña arriba y abajo, bloqueando los mortales ataques de su enemigo. ¡Saldremos de esta!

HURGRIM

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